Fue llegar a OVILLE, parar en la primera casa a la izquierda e, inmediatamente, salió Sofía (viuda de Pin). Nos saludamos y, al instante, me reconoció por mi nombre y apellido. Le expliqué el motivo de mi visita, me proporcionó las llaves de las dos iglesias y entablamos una conversación distendida. Fue precisamente entonces cuando ella me recordó los años desde el desgraciado fallecimiento de su marido: 30 años. Y, en esas tres dácadas, cuántos recuerdos y cuánto ha cambiado este pueblo entrañable, solidario y unido para todo (en las penas y en las alegrías). Sin embargo y por encima de todo, SOFI es hoy una abuela felicísima con sus nietas. Un abrazo, gracias y saludos a tus hijos (Félix, Guadalupe y Begoña).
Me subí de nuevo al coche y, después de ascender la empinada calle principal, aparqué al lado de la IGLESIA DE SANTIAGO. Abrí la puerta con alguna dificultad y entré por primera vez en este tempo coqueto del siglo XVII, de una sola nave rectangular, con coro y espadaña en su parte occidental.
Acabada la visita a esta primera iglesia, volví a coger el coche y descendí hasta el barrio de abajo para visitar la IGLESIA PARROQUIAL DE SAN ADRIANO. Aunque ya me referí a ella en mi entrada del año pasado, no me resisto a resumir algunos detalles de lo que fue la reconstrucción y recuperación de este templo. Fue reconstruido en 1.982 después de permanecer cerrado al culto desde el año 1.937. Data de 1.767 y consta de una nave rectangular y un ábside, en planta de cruz latina, de corte románico. Bóveda en piedra de toba. Sacristía en el brazo derecho del crucero; en el izquierdo, hubo una capilla lateral (quizá privada) que hubo que bloquear debido al lamentable estado de la techumbre. Tiene un pórtico cubierto con columnas, remozado con bovedillas y viguetas. Al norte, se encuentra el cementerio del pueblo, según costumbre tradicional cristiana. Está rematado con torre-espadaña al poniente (que hubo que reconstruir en su totalidad).
Fotos interiores y sacristía de la Iglesia de SAN ADRIANO
Como reconoce el párroco de entonces (D. Carlos Santos), todo fue posible gracias al "... trabajo, generosidad y unión de los vecinos de Oville" (ver foto adjunta).
Personalmente, tengo que reconocer que Oville, junto con Adrados, son los dos pueblos del ayuntamiento de Boñar con los que me unen los vínculos más sólidos de amistad y paisanaje. Mi abrazo apretado y cariñoso para todos, paisanos.
En colaboración con Gelo (Ángel Carretero), que me llevó en su coche por el camino de Valdecastillo (apto para todoterrenos), me fue posible visitar la ERMITA DE "SAN PELAYO", reconstruida en el año 2.005. Aunque la antigua tenía unas dimensiones más amplias, los avezados vecinos de Oville construyeron otra más coqueta, pero acogedora, en medio de los robles a un kilómetro de distancia aproximadamente del pueblo.

