Navidad suena a familia y a nacimientos (cada vez menos, porque la crisis también es demográfica). A alegría y a nostalgia, al mismo tiempo. A calor de brasero en la mesa-camilla, aunque no haya nieve (¡qué cambiados nos vienen los tiempos!). A aguinaldo y a golosinas. A recuerdos del pasado, remoto y cercano. Hasta aquí, el ayer.
Año de nieves, año de... (era el ayer)
El hoy es sensiblemente más duro ("más jodido" -que diría el castizo-). Nos abruma la CRISIS con todas sus consecuencias: paro (o desempleo -que, para los efectos, es lo mismo-); carestía, hambre y necesidad; numerosas familias sin pan que llevarse a la boca..., pero también despilfarro e injusticia social (a pesar de las campañas "políticas"); enormes desequilibrios, que agrandan progresivamente el espacio entre ricos y pobres. En una palabra: INSOLIDARIDAD.
Y algunos, todavía, siguen confiando en el paternalismo de un Estado LAICO (¿o ATEO?), en el que Dios no tiene cabida y estorba, en el que la Iglesia (su institución en la tierra) es poco menos que la "casa de los curas y monjas". Menos mal que, en nuestro tiempo, ya casi nadie aspira a vivir como un cura, o como un maestro, porque, entre otros males, padecemos una crisis profunda de AUTORIDAD. Todo el mundo tiene DERECHO A TODO (= plenitud de derechos y libertades). Se nos ha muerto el DEBER.
La iglesia de Boñar con iluminación navideña
Sin embargo y a pesar de todo, LA VIDA SIGUE -solemos decir-. Estamos obligados a tirar del carro si no queremos que éste vaya por delante de los bueyes (= trabajo, esfuerzo, paciencia, dedicación... VALORES). Necesitamos una dosis enorme de OPTIMISMO, y ¿a quién se lo pedimos? A los Reyes, a Papá Noel, a Santa Claus... ¡Qué más da! Hay que seguir soñando. Yo se lo voy a pedir a Jesús-Niño, porque los niños siguen siendo puros, sinceros y humanos -además de inocentes-. Qué queréis que os diga.
Para que resulte más agradable, se lo pediré cantando con José Luis Perales:
NAVIDAD, NAVIDAD EN LA NIEVE Y LA ARENA,
NAVIDAD, NAVIDAD EN LA TIERRA Y EL MAR...
